LoreZingarita

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Nueva entrega a petición de Almudena, porque hoy no me apetecía escribir, pero bueno, ahí va.

Resulta que el día 28 por la mañana, Almu y yo estábamos en la facultad de educación para asistir a una especie de congreso de lengua (¡¡no vale preguntar por qué estábamos ahí!!). Estábamos en la puerta de la sala donde tenía lugar el congreso y… mis sospechas se hicieron ciertas: aparte de Teodoro, cuya participación ya conocíamos, estaba también la profesora de literatura (no podía ser de otra manera… siempre tiene que aparecer). Y este es el caso horrible de esta semana. Hasta los viernes tengo que verla!!! Espero no tener más congresos en unos cuantos años… (al menos de literatura).

Hola. Aquí estamos ante una nueva entrega de esta sección. ¡¡¡¡Por fin la profesora de literatura no es la protagonista en esta entrada!!!! Esta vez somos Almu, Ana López y yo. Bien, empecemos.

Resulta que el viernes salimos de la Facultad de Educación sobre las ocho menos diez de la tarde en mi coche y nos dirigíamos a casa de Marta. Como de costumbre, a pesar de las señales de Aurelia, nos saltamos el primer desvío que teníamos que coger, y seguimos hasta encontrar un cambio de sentido. Sin embargo, desconocíamos lo que nos deparaba el futuro…

De pronto, y sin previo aviso, el coche empezó a hacer un ruido muy raro y empezó a tambalearse, como dando saltitos. Acto seguido, el limpiaparabrisas y los intermitentes se pusieron solos, y decidimos apartarnos de la carretera y parar. Una vez hecho esto, no sabíamos que había podido pasar, así que seguimos un poco, pero volvió a pasar lo mismo. Entonces sí que paramos definitivamente. Ana y yo nos pusimos los chalecos reflectantes (con los que luego estuvimos casi hasta llegar a casa de Marta) y salimos del vehículo. En efecto, la rueda derecha delantera estaba destrozada. Decidimos, en primer lugar, poner los triángulos reflectantes en la carretera. Luego llamé a mi madre, y a continuación al RACE. Me quedé sin saldo, y a Ana casi no le quedaba batería en el móvil. Almudena estuvo todo el rato dentro del coche, buscando los papeles del seguro. Después llamó mi padre y Almu y yo empezamos a buscar una especie de tuerca sin la cual no podíamos quitar la rueda. A su vez, Ana llamó a un amigo suyo para ver si podía decirnos dónde estábamos, porque no lo sabíamos. 

Estuvimos una media hora esperando al hombre del RACE, buscando la maldita tuerca e intentando averiguar dónde nos encontrábamos exactamente.  Al rato vino el hombre del RACE (muy majo él) y por fin encontramos la famosa tuerca. El hombre subió el coche con el gato con Almu y yo dentro, cambió la rueda (que no tardó casi nada) y se marchó. Nosotras medio recogimos un poco el coche, porque eso parecía más bien una especie de almacén de todas las cosas que habíamos sacado para encontrar la maldita tuerca (no pienso decir donde estaba). Después, seguimos nuestro camino. Paramos en la gasolinera más cercana para igualar la presión de las ruedas y, por fin, nos dispusimos a ir a casa de Marta.

Y esta es la historia. Podíamos haber hecho fotos o vídeo del acontecimiento, pero la verdad, no se nos ocurrió en el momento.

Espero que esta nueva entrega de “casos horribles” os haya gustado tanto o más como las otras.

Parece que la protagonista de esta sección es siempre la misma persona, la profesora de literaruta, pero no puedo dejar de reflejar el gran asombro que he sufrido hoy en la clase.  Resulta que hoy, un día como otro cualquiera, parece ser que “la señora” y yo teníamos una especie de conexión mental, porque hoy le han gustado mis intervenciones (cosa extraña). Como bien ha señalado Ana respecto a este hecho, es importante que esa compenetración mental acabe pronto.

Por otra parte, y es lo que más me ha llevado a escribir esta entrada, en una de las referencias que a lo largo del día de hoy ha hecho a mis comentarios, ME HA LLAMADO POR MI NOMBRE. La mujer sabe cómo me llamo. Ha sido increíble. Y digo esto porque aún no he expuesto el trabajo, y tampoco es que todo el mundo se pase toda la clase llamándome por mi nombre.

Fin de casos horribles.

¡¡FELICIDADES ALMU!!

Hoy, una tarde de viernes como otra cualquiera, estaba yo en la puerta de El Corte Inglés de Princesa esperando a mi amiga Laura para solucionar juntas una serie de asuntos cuando, de repente (y sin previo aviso)… [suponemos que ahora suena una música de misterio]… ¡¡¡ APARECE LA PROFESORA DE LITERATURA!!! Imaginaos cuál pudo ser mi cara de angustia y horror (…) Miré a todas partes, buscando un sitio donde esconderme. Finalmente me retiré de la puerta de El Corte Inglés (que si sigue abierto a pesar de la crisis, sólo puede ser gracias a Laura y a mí) y me escondí detrás de un gran letrero con un plano.

Estuve observando a la mujer durante unos minutos. Temía que ella estuviera esperando también a alguien, pues lo parecía. No me equivoqué. De pronto apareció una señora (no sé quién puede ser) y las dos se metieron juntas en El Corte Inglés (y no quiero hacer propaganda del establecimiento). Suspiré tranquila; ya había pasado todo. La profesora esperaba a alguien, sí, pero, al menos, ese alguien no era Teodoro (hecho que hubiera acabado con mi salud mental para el resto de la semana, por no decir del mes).

Al menos puedo decir que esta primera entrega de “casos horribles” ha tenido un final feliz.

FIN


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